
Hay un momento, en el día 1, 2 o 3 de cortar, donde aparece la pregunta. ¿Lo bloqueo o lo dejo? En internet hay opiniones para los dos lados. Algunas amigas te dicen «bloquealo de una», otras «dejalo, vas a sentirte tonta». Y vos, en el medio, no sabés.
La pregunta parece técnica. Es estratégica. Y la respuesta — para casi todos los casos en los que estás leyendo esto — es bloquear, sin matices, en todos los canales posibles, lo más rápido posible. Lo que sigue es por qué.
Lo que la gente piensa que significa bloquear (y por qué se equivoca)
Cuando dudás de bloquear, generalmente lo evaluás contra estas creencias:
«Si lo bloqueo, va a parecer que me afectó mucho»
La preocupación implícita: que él/ella interprete el bloqueo como debilidad, como una victoria suya. Te imaginás que va a contárselo a alguien y reírse.
«Bloquear es de inmadura»
Como si la madurez consistiera en «convivir civilizadamente» después de cortar. Como si bloquear fuera un berrinche.
«Si lo bloqueo, no voy a saber cómo está»
La idea de que dejar el canal abierto te da control sobre la información. En realidad, el canal abierto le da control a él/ella sobre cuándo y cómo aparecer.
«Después lo voy a desbloquear igual, mejor no bloquear»
Anticipás la futura recaída y, en lugar de protegerte ahora, te resignás a ella.
Cada una de estas creencias tiene una respuesta operativa que viene de cómo funciona realmente la abstinencia post-ruptura.
Por qué bloquear es decisivo (no decorativo)
1. El acceso es la principal fuente de recaída
La gran mayoría de las recaídas no son por decisión deliberada — son por acceso casual. Estás bien, ves su nombre en el chat, te entra curiosidad de mirar las historias, le ves una. La que vio una historia hoy, mira la próxima mañana. La que mira historias dos semanas, le manda un mensaje al mes.
Si no hay acceso, no hay decisión casual. Bloquear elimina la rampa.
2. Tu cerebro tiene memoria muscular
Antes, durante la relación, abrir el chat era reflejo. Llegabas del trabajo, abrías. Te despertabas, abrías. Estabas en el baño, abrías. Eso es un circuito grabado en tu sistema nervioso, y no se desactiva en una semana.
Si dejás el chat disponible, vas a abrirlo por reflejo aunque hayas decidido racionalmente no hacerlo. Y cada apertura, aunque no escribas, reactiva el circuito y la abstinencia.
3. El acceso permite que aparezca cuando quiera
Si está sin bloquear, él/ella puede aparecer cuando le venga la gana. Un mensaje a las 11 de la noche, una historia subida con dedicatoria implícita, una llamada perdida. Cada aparición no la elegís vos — la elige él. Y cada vez te tira al piso.
Bloquear te devuelve el control sobre cuándo recibís estímulo asociado a esa persona. Si querés saber algo de él, lo decidirías vos en frío, no recibirías la información imprevista en caliente.
4. La presencia disponible mantiene la fantasía abierta
Mientras vos podés escribirle (aunque no lo hagas), una parte de tu cabeza mantiene activa la fantasía de la conversación posible. Esa fantasía consume energía mental y dilata el desenganche.
Bloquear cierra simbólicamente la posibilidad. No es para siempre — siempre podés desbloquear. Pero la fricción que hay que pasar para desbloquear, en el momento del impulso, frena más que la fricción de «abrir el chat y empezar a escribir».
Cómo bloquear bien (porque a medias no funciona)
Bloquear «casi» es peor que no bloquear, porque te da la falsa sensación de protección. Si vas a bloquear, hacelo completo:
Canales que tenés que bloquear
- WhatsApp, Telegram, Signal, cualquier mensajería
- Llamadas de teléfono (lista negra del móvil)
- Mail (filtro de spam o regla que mande sus mails directo a archivo)
- Instagram, Facebook, X, TikTok, LinkedIn — todas las redes donde estaba
- Spotify, si compartían listas
- Cualquier app donde puedan comunicarse (apps de juegos en pareja, apps de fitness)
Lo que también es importante
- Bloquear sus cuentas alternativas si conocés alguna. Si tiene cuenta secreta de Instagram, también esa.
- Bloquear a su madre, hermana, mejor amigo, si tu ex puede usarlos para llegarte. Suena extremo. Si la persona es manipulador y tu red común es chica, lo va a usar. Bloquear preventivamente la triangulación.
- Pedirle a tus amigos que NO te traigan información de él. Si lo vieron, si saben algo, si escuchan algo — que no te cuenten salvo que vos pidas.
- No mirar su Whatsapp web ni en otro teléfono. El bloqueo solo cuenta si es real.
Lo que NO hace falta
- Borrarlo de tus contactos (a menos que verlo te active). El bloqueo basta.
- Borrar las fotos juntos. Eso lo decidís más adelante, no en caliente.
- Cambiar el número (a menos que haya hostigamiento real, en cuyo caso es necesario).
Las excepciones (cuándo bloqueo no es la respuesta)
Si tienen hijos en común
Bloqueo total no es viable. Lo que se hace es canal técnico restringido: una app específica de comunicación parental (OurFamilyWizard, TalkingParents) con registro automático, o un canal mail-only solo para temas de los hijos. WhatsApp se bloquea. Las llamadas se filtran a la app. La comunicación es escrita, breve, técnica, sin engancharse en provocaciones.
Si trabajan juntos
Mientras gestionás cambio de departamento o de empresa, comunicación solo profesional, copia a otros siempre, registro escrito, nada verbal a solas. Las redes personales sí se bloquean.
Si compartís vivienda
No vas a poder bloquear hasta no salir físicamente. Mientras tanto, restricción máxima: dormir en otra habitación si es posible, comunicación solo logística, plan de mudanza activo. Tan pronto como salgas, bloqueo total.
Si hay temas legales o económicos pendientes
Solo el canal estrictamente necesario para resolver eso (idealmente vía abogado/a, no directo), todo lo demás bloqueado. No mezclar trámites con conversaciones personales.
Lo que pasa después de bloquear
Las primeras 24 horas: alivio + ansiedad
Una sensación rara de «se acabó», mezclada con angustia por haber cerrado el canal. Eso es esperable. La angustia es por la pérdida de la posibilidad, no por la pérdida en sí.
Los primeros 7 días: el impulso de desbloquear
Va a aparecer. Múltiples veces. La regla: cuando aparezca, no decidás en el momento. Esperá 24 horas. Si dentro de 24 horas seguís queriendo desbloquear, hablalo con alguien antes. La mayoría de los impulsos no resisten 24 horas + conversación con alguien externo.
Después del primer mes: empezás a no pensar en eso
La presión de la decisión «bloquear o no» se evapora. Te das cuenta de que el bloqueo te dio paz. Hay días en que ni siquiera te acordás que está bloqueado.
Después de 3-6 meses: a veces aparece la idea de desbloquear «para ver»
No por nostalgia romántica — por curiosidad. «Quiero ver cómo está, qué hace». Esa idea, casi siempre, es trampa. Si lo desbloqueás «para ver», te enganchás de vuelta. Si la curiosidad es muy fuerte, hablalo con tu terapeuta o con alguien antes — y casi siempre se desinfla en la conversación.
Lo que tenés que hacer hoy si todavía no bloqueaste
- Bloqueá los canales principales en los próximos 30 minutos. WhatsApp, Instagram, llamadas. No esperes hasta dormirte.
- Decidí qué hacer con casos especiales (hijos, trabajo, vivienda) en los próximos días. Mientras tanto, bloqueo en lo que se pueda.
- Avisale a 1-2 personas que bloqueaste. Refuerza el compromiso público y te da gente con la que hablar si aparece la duda.
Si querés saber tu protocolo específico
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